miércoles, 27 de mayo de 2015

Sólo un día con América

Sólo un día con América
 
¿Podrá mi alma descansar sosiega, sin el fragor de tu nombre,
y vivir sin tu imagen clavada en la intimidad de mi recuerdo?
Aún no sé, amada mía, si un día como tal llegase,
Y si llegase prefiero partir amándote con furor latente
Que vivir desventurado y de tu amor carente.

En esta pulcra noche cantaré tu nombre
Y resonará en el cielo cual oración silente,
Sólo así sabrá el mundo mi pasión perenne.
Y tú, doncella preciada, escucharás el canto
De la voz de mi alma por quererte tanto.

América, tu rostro alberga la belleza suma,
Que de gozo inflama a mi vencido corazón
Cuando yace en su insoportable y tenebroso abismo.
Más por esto crece mi fe en el poder de tu encanto,
Y ensalzo, glorioso, la magnitud de tu nombre santo.

Permite en esta noche embriagarme con el néctar de tu voz,
Y con el ímpetu de tu mirada hechizar a mi existencia
América, por ti suspira mi alma y crece mi pasión perenne.
Deja que mis manos recorran de tus labios su contorno,
Así, esperaré anhelante de tu presencia su fiel retorno.
Autor: Gustavo Jiménez
Poemario: El canto del alma
                 Editorial Hominis
Derechos Reservados

Bajo el cielo de México


 Bajo el cielo de México

Qué bello es el cielo que cubre tu piel,
un cielo engalanado con el olor de la esperanza,
un cielo que en el lejano horizonte
anuncia la llagada de la estación primaveral.
Cuánto diera por conquistar lo inconquistable,
por amar al amor imposible.
Qué puedo dar por beber del manantial de tu ser
y apagar mi sed en el crepúsculo de mi existencia.
Cielo de México, que en tu seno guardas
una perla de incalculable precio,
en ti se esconde la belleza inigualable de una mujer
que irrumpió el desierto de mi amor.
Eres el guardián de mi gran pasión…
eres el aliento irresistible en el ocaso de mi atardecer.
Cielo de México, eres aquel jardinero que cuida
con dulzura la flor más bella de su vergel,
centinela que guarda la ciudad del gran amor.

Al amparo de tus alas quiero emprender el vuelo para ir a aquél lugar
donde habita la dueña de mi ser, la dueña de mi corazón.
Sí, volaré sin descansar con rumbo a un recinto donde al fin,
mi angustia se disipará, ahí nacerán nuevamente mis ilusiones
y se extinguirá el calvario de mi loco padecer.

Cielo de México, dile que la amo,
dile que su luz ha iluminado mi eterna noche oscura,
dile que añoro ardientemente sus besos seductivos.
Dile al viento que agite su primorosa y delicada piel,
que roce su cuerpo de diosa,
dile que la acaricie en la intimidad de su soledad,
que en cada momento de su vida le lleve mis versos de amor.
Oh, Cielo de México.
Autor: Gustavo Jiménez
Poemario: El canto del alma
                  Editorial Hominis
Derechos Reservados

martes, 5 de mayo de 2015

En su ausencia... una flor

En su ausencia... una flor

Una flor para mi madre
En mi jardín he plantado
¿Será clavel, será rosa?
¿Será de fragancia hermosa?
¿De pétalos tan divinos,
O de tallo perfumado?

No sé si ella se pregunte
Lo que yo me he preguntado,
Al fin y al cabo es sincera,
Con un amor de primera
Y, a pesar de sentirla cerca
De su amor fui distanciado.

Con perfumes he regado
Esa flor para mi madre
Para que ella al verla un día
Presuma de galantería,
Recordando alegres tiempos,
Al ser feliz con mi padre.

Quisiera, Dios, embellezcas
Esa flor tan agraciada,
Que en su aroma lleve a mi alma,
Y que antes de nacer el alba
Le imprimas con letras de oro
“para una mujer amada”.

La distancia no me importa;
La planté, pues tengo amor.
Quiero, Dios que mi doncella,
Que para mi es una estrella,
Entienda que aquí cultivo
En su ausencia… una flor.

Autor: Gustavo Jiménez
Poemario: El distante cercano
                   Editorial Hominis

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