viernes, 19 de febrero de 2016

Tendrá que amanecer


 Tendrá que amanecer

Alguna vez reiremos juntos
como párvulos que gozan la dádiva adquirida
Celebraremos con soltura
el ósculo divino que un día sin querer la vida nos legó
Amaremos como nunca
a aquél humano amor que a nuestras vidas fusionó
En un romance eterno,
en una eterna dicha, en una dicha sin alfa y sin omega
alguna vez la tierra toda
será morada santa de mi alma renovada por noches placenteras
por noches de sosiego
por tardes delicadas y días inolvidables de gratas soledades
viviremos aquél día
como seres celestiales que exaltan sin cesar la grandeza de los dioses
y en esa pulcra honra
pediremos al buen Dios bendiga con sus manos la gloria de tu encanto.
Tendrá que amanecer
Y por siempre nuestras almas tendrán veloces alas para imponerse al tiempo
Para volar con libertad
Al vasto firmamento del cual alguna vez gustosas descendieron
Volarán a un mundo nuevo
Donde no existe ya la angustia, rencores o tristezas, dolores y penurias
Con solo imaginarte
Atada a mi existencia me dispongo a esperar el día en que amanezca.
Hoy la tormenta me posee
Y se yergue en mi horizonte como desafiando mi invencible resistencia
Hoy el mundo entero
Murmura por doquier que tumbada en el abismo mi alma se ha quedado
Pero sólo tú y yo sabemos
Que del más profundo sueño alguna vez me habré de levantar
y aferrado a tus brazos
tomaré un camino nuevo, con la certeza de ver en mi existencia llegar la nueva aurora.
Tendrá que amanecer
Porque es la ley suprema que después de las tinieblas emerja la mañana
Porque Dios ha dispuesto
que después de la tormenta el sol se señoree sonriente allá en el horizonte
porque nada permanece,
y si hoy la vida es llanto permanente mañana será colmada de eterna algarabía
por todas estas cosas,
un día reiremos juntos, pues aguardo la esperanza que un día tendrá que amanecer.


Autor: Gustavo Jiménez (El poeta del Humanismo)
Editorial Hominis

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