Cuando se vaya el Sol
Juguemos a
infantilizarnos para vivir la vida otra vez,
Para hundirnos como el
pez en el mar de los recuerdos,
Y viajar tomados de
las manos y con los pies descalzos
a los lugares donde
nuestra infancia se quedó.
Retornemos tarareando
la canción de la añoranza,
sin pensar por un
momento en nuestra juventud.
Vayamos al encuentro
de aquél pasado donde reímos juntos;
Ahí donde lloramos al
caer la tarde bajo el hechizo de una sombre gris.
Ea, ea, gritemos,
palmoteando como cuando nuestros rostros
eran bañados por las
cristalinas gotas de la inmensa lluvia.
Juguemos a
infantilizarnos y perdamos la noción del tiempo
para que aquél
recuerdo, ayer vivido, jamás se extinga.
Vamos, alma pura y
transparente,
a reconstruir aquélla
infancia que entre sonrisas y sollozos
cargamos sobre
nuestras espaldas
cual si fuese la
maleta de nuestros destinos.
Es hora de sentir el
suave arrullo y el candor del viento,
de alegrar a nuestras
almas con el trino de las aves,
y trepar aquéllos
árboles donde jamás trepamos.
Miremos nuestras manos
manchadas con el color negruzco de la tierra
y corramos descalzos
por los arroyos y escondrijos de los verdes bosques
para capturarnos el
uno al otro, así como ayer jugamos.
Vivamos la vida otra
vez si razón tiene de ser vivida,
pues aquélla infancia
nuestra que ayer vivimos,
nos habrá llegado por
el sendero bendito del feliz recuerdo.
Y así, cuando se vaya
el sol, quedarán nuestras almas
transformadas por
aquél ayer.
Gustavo Jiménez
Derechos Reservados

No hay comentarios:
Publicar un comentario