martes, 1 de septiembre de 2015

Cuando se vaya el Sol



 Cuando se vaya el Sol

Juguemos a infantilizarnos para vivir la vida otra vez,
Para hundirnos como el pez en el mar de los recuerdos,
Y viajar tomados de las manos y con los pies descalzos
a los lugares donde nuestra infancia se quedó.

Retornemos tarareando la canción de la añoranza,
sin pensar por un momento en nuestra juventud.
Vayamos al encuentro de aquél pasado donde reímos juntos;
Ahí donde lloramos al caer la tarde bajo el hechizo de una sombre gris.

Ea, ea, gritemos, palmoteando como cuando nuestros rostros
eran bañados por las cristalinas gotas de la inmensa lluvia.
Juguemos a infantilizarnos y perdamos la noción del tiempo
para que aquél recuerdo, ayer vivido, jamás se extinga.

Vamos, alma pura y transparente,
a reconstruir aquélla infancia que entre sonrisas y sollozos
cargamos sobre nuestras espaldas
cual si fuese la maleta de nuestros destinos.

Es hora de sentir el suave arrullo y el candor del viento,
de alegrar a nuestras almas con el trino de las aves,
y trepar aquéllos árboles donde jamás trepamos.

Miremos nuestras manos manchadas con el color negruzco de la tierra
y corramos descalzos por los arroyos y escondrijos de los verdes bosques
para capturarnos el uno al otro, así como ayer jugamos.

Vivamos la vida otra vez si razón tiene de ser vivida,
pues aquélla infancia nuestra que ayer vivimos,
nos habrá llegado por el sendero bendito del feliz recuerdo.

Y así, cuando se vaya el sol, quedarán nuestras almas
transformadas por aquél ayer.


 Gustavo Jiménez
 
Derechos Reservados

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